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En el marco de la celebración del 215 anivesario de la Batalla de Las Piedras y del Día del Ejército Nacional, se llevaron a cabo actividades en la rambla Carlos Federico Sáez de Mercedes que incluyeron desfile cívico militar y también la parte oratoria que estuvo a cargo del Comandante en Jefe de la División II del Ejército Gral. Pablo González, que hizo uso de la palabra frente al palco que contó con la presencia de autoridades departamentales y nacionales por Soriano, como también militares y policiales, ante miles de personas que dieron el marco adecuado a las celebraciones.
En la oportunidad el General Pablo González, tras saludar a las autoridades y al público presentes comenzó señalando que la División de Ejército II, "representando al Ejército Nacional en este día, agradece la cálida hospitalidad y la amable deferencia del Gobierno Departamental y del pueblo de Soriano, todos, al recibirnos en la magna fecha que nos convoca y permitirnos homenajear junto a ustedes a la primera victoria de fuste de las Armas de la Revolución de Mayo y al nacimiento del Ejército Oriental en las colinas pedrenses.
El origen de la Revolución de Mayo en el Río de la Plata no está exento de contradicciones, incertidumbres, dudas y errores en aquellos que fueron sus protagonistas.
No podía pedirse menos, ya que estos españoles criollos actuaban en consonancia con lo que durante cientos de años la jurisprudencia hispana les había inculcado".
Sostuvo que "desde las primeras leyes de Indias, promulgadas por los Reyes Católicos, siguiendo por el esfuerzo intelectual desarrollado por la Escuela de Salamanca y exigido por la Casa de los Austria, gobernantes de un impresionante imperio en donde nunca se ponía el sol, se pudo ajustar a derecho la vida y gobierno del nuevo mundo.
Durante siglos, pues, indígenas, mestizos y españoles criollos conformaban la comunidad que integraba el reino de ultramar hispano, con las mismas potestades, derechos y obligaciones que cualquier otro súbdito de la Corona, ya fuera este de Aragón, Castilla, Flandes o las mismas Indias occidentales. Cuando el siglo XVIII comienza a dar sus primeros pasos, el mundo hispano se ve sacudido debido a la lucha de sucesión por la Corona Española entre la Casa de Habsburgo y la Casa de los Borbones, siendo estos últimos quienes saldrían triunfantes tras más de 20 años de que se hubiera iniciado el conflicto".
Añadió que esto "no sólo trajo aparejado un cambio de familia real, sino una actitud distinta, displicente, demandante y extraña de esta Casa Real hacia los territorios de ultramar, percibiendo los más como colonias que como los reinos en igualdad de condiciones que efectivamente eran.
Cuando los Patriotas de Mayo, imbuidos por siglos de legislación castellana, reclaman para sí el derecho que sufrieron, les otorgan de organizar juntas gubernativas ante la pérdida temporal del mando de Fernando VII y la desarticulación en la península de la Junta Central Suprema, que daría paso luego al Consejo de Regencia, fueron desoídos y mandatados cual si de colonia se trataran".
Es así, indicó González, "que el Sol de Mayo nace en la contradicción de la lucha entre españoles americanos y españoles europeos. En esa desazón de la lucha intestina surge el 18 de mayo de 1811 la reafirmación del camino que se había empezado a transitar un año antes.
Don José Artigas será el vivo ejemplo de la antigua tradición hispana y cristiana. Su respeto a los fueros, a la determinación que los pueblos tienen el derecho de imponerse, sumado a la benevolencia del perdón que propende a la reconciliación, asombra a propios y extraños al ordenar clemencia a los vencidos, tras una batalla magistral en la que enfrenta a tropa mejor armada y mejor instruida. Ese será el signo de la patria vieja y de la cruzada libertadora, la guerra asimétrica, el combate en inferioridad de condiciones materiales pero nunca espirituales".
El Comandante González afirma "es en esta cuna heroica en donde se mece el ejército oriental naciente, falto de armas, de vistuallas y de logística militar, pero con un empeño y una voluntad de vencer que vuelca a su favor circunstancias que parecen de antemano imposibles. Y ahí están Las Piedras, el épico éxodo al Ayui, Cerrito, Rincón, Sarandí, Las Misiones, Ituzaingó, algunos jalones históricos que nos facilitan referenciar la voluntad inquebrantable de cerrar con el enemigo y respetar la voluntad de los pueblos que el oriental siempre ha tenido y que es sello de su origen hispano y castellano.
Hablar de la Batalla de Las Piedras es hablar de patria, de compromiso, de ciega convicción, de sacrificio y entrega, pero también es hablar de orgullo, de pundonor, de vergüenza bien entendida, de honor y honra.
¡Cuánto se jugaron aquellos primeros patrias! ¡Cuánto fue lo que se arriesgaron en pos de una convicción nutrida de valores y virtudes que la raza hispano-criolla les transmitía por la sangre! ¿Qué divino designio arropó aquel Hercules pro-hombre que fue el General Artigas? ¿Cuál es su estrella que los lleva a fundar una nacionalidad y que le da la fuerza para guiar a un pueblo entero que fervientemente lo sigue? ¿Cómo sobrevive a la calumnia? ¿Cómo a una interesada historia negra? ¿Cómo hizo para combatir en dos frentes de guerra por más de un lustro contra fuerzas materiales abrumadoramente superiores? Eso, queridos compatriotas, es lo que hoy estamos homenajeando.
El Ejército Oriental, que nació en Las Piedras y que hoy está cumpliendo 215 años, se ha sentido siempre, y hoy así lo expresan nuevamente en esta rambla de Mercedes, como el humilde depositario de tanto fundamento doctrinario, de tanto coraje y de tantas páginas de gloria y heroísmo que a lo largo de nuestra corta historia como país independiente tantos hombres y mujeres han escrito muchas veces a cuenta de su propia sangre".
Agregó El Gral. González, "un Ejército Oriental que sigue alimentando sus filas con los más humildes ciudadanos de esta hermosa República.
Ustedes los ven todos los días dejando sus sencillas casas rumbo al cuartel. Modestos servidores que moldean sus cuerpos y sus almas en el entrenamiento militar para el combate. Entrenamiento militar que no sabe de frío ni de calor, que no tiene en cuenta si es de día o es de noche, porque se combate de la misma forma en que se entrenó y se entrena de la misma forma en que se piensa combatir.
Silenciosos soldados que encuentran en el espíritu de cuerpo que la institución genera, un segundo hogar, en donde sus pacientes familias engrosan asimismo nuestra fuerza efectiva, porque comparten junto al soldado de todas las jerarquías la ausencia ante las numerosas guardias, la incertidumbre de la separación por causa del destacamento o por la misión operativa del otro lado del océano.
Comparten también la tristeza del desdén de terceros, la impotencia ante el reglamentario silencio, pero a su vez gozan con los reencuentros, aplauden el sincero agradecimiento de sus conciudadanos, disfrutan con las metas y objetivos alcanzados por sus seres queridos.
Es esa fiel familia militar a quien hoy debemos también homenajear, porque entregan lo que más atesoran, sus padres, sus madres, sus hijos y sus hijas, en pos de abrazar una vocación que no conoce de dificultades si hay que cumplir una misión, porque el soldado palpita con lo que el moche reza.No te frene el obstáculo insalvable si persigues un fin gallardo y noble. El desierto, el abismo y la montaña no son vallas insalvables para el hombre. Si logras acallar tus hondos haches y erigirte en señor de tus dolores, no hallará valladar que te detenga en la marcha de honor que te propones.
Este noble espíritu, este mecánico y disciplinado entrenamiento para el combate es el que distingue en particular a este servidor cuando tiene que enfrentar las misiones subsidiarias asignadas al Ejército Nacional".
Seguidamente se refirió a los soldados profesionales y entrenados que poco después desfilaron "son los mismos que vuelven de un destacamento de seguridad en algún Instituto Nacional de Rehabilitación y salen a dar una mano para pintar una escuela, emprolijar una plaza, evacuar los soldados o apagar un incendio. Es ese mismo soldado que lleva de la mano a sus hijos a la escuela, que disfruta con intensidad cuando gana Uruguay, que va al almacén de la esquina y que vive a la vuelta de mi casa.
Es ese soldado que entrega con satisfacción su tiempo, su sudor y si la patria lo necesitara, también su vida".
Concluyó expresando "que la Virgen de los 33, capitana y guía, patrona de la patria, interceda por nosotros y nos ayude a hacer realidad la cálida frase del Padre Artigas que nada sea capaz de contrariar nuestra unión y en lo sucesivo sólo se vea entre nosotros una sola gran familia de hermanos.
¡Que viva el Ejército Nacional, que viva la patria oriental y artiguista!".
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