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(escribe prof. Alejandro Carreño T. ) Primero fue el “chavismo”. Catorce años (1999-2013) con el “ismo” del comandante Chávez a cuestas. Comienzan los problemas del pueblo venezolano que el tiempo se encargaría de hacerlos insoportables. La muerte de Hugo Chávez dio paso al periodo más oscuro de la historia reciente del país caribeño: aparece Nicolás Maduro con toda su estructura política y militar, corrupta y manipuladora, que lo mantuvo trece años en Palacio de Miraflores, sede del gobierno venezolano.
Fueron trece años de personajes siniestros como Diosdado Cabello, Tarek William Saab y Vladimir Padrino López. Los dos últimos ya fuera de circulación y, el primero, con escasa relevancia como lo demuestra su programa “Con el mazo dando”, joyita publicitaria del régimen durante el reinado del dictador Nicolás Maduro, pero ahora, con escasa repercusión social y política. ¿Ha cambiado el panorama político?, Aparentemente, sí, pero no ha cambiado la urgencia-país, a pesar de los cambios producidos.
Digo “aparentemente”, porque los “ismos” tienen nuevas bases léxicas que los anteceden. Hoy se habla de “delcismo”. Y con ello pareciera ser que todo ha cambiado en Venezuela. Que Delcy Rodríguez instaló en Palacio de Miraflores una nueva forma de hacer política para resolver las urgencias de los venezolanos. La realidad aparente, que suele ser la que mejor manejan los políticos para mostrar “logros convincentes” a la ciudadanía, le está funcionando a la presidenta Rodríguez.
De hecho, se está abriendo al ingreso de capitales extranjeros en la industria de hidrocarburos, por ejemplo. O reformar la ley de minas para el ingreso de estos capitales. Tampoco puede soslayarse su intento por restablecer las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Es posible, además, que se restablezcan las relaciones con Chile, por lo menos a nivel consular. Y la propia retirada de Padrino López y William Saab de puestos emblemáticos de los “ismos” anteriores, son señales de cambio. ¡Qué duda cabe!
Delcy se acomoda a los nuevos tiempos y en cuanto despoja a los “ismos” que la precedieron de sus próceres, clama que “el verdadero presidente de Venezuela es Nicolás Maduro Moros” y exige su libertad. La pregunta es simple: ¿alguien le cree? Difícil creerle cuando juega a dos bandas, con un ojo puesto en su país y el otro en la Casa Blanca. Ella sabe que en cuanto sea una presidenta obediente, continuará disfrutando del poder que ofrece el Palacio de Miraflores. Por eso, toda vez que la ocasión se presenta, habla de las buenas relaciones con Donald Trump.
Relaciones, ciertamente, que son correspondidas al punto de que el presidente estadounidense se olvidó por completo de quien, supuestamente, sería su candidata natural para dirigir la transición venezolana: María Corina Machado, la Premio Nobel de la Paz, que simplemente se quedó a mitad de camino. A Trump ya no le interesan las elecciones ni tampoco el destino de los venezolanos. Quedó claro que su único objetivo era el petróleo. Y Rodríguez ha resultado simpáticamente complaciente con él.
Entonces; ¿Es creíble su declaración que afirma que “el verdadero presidente es Nicolás Maduro Moros” y exige su liberación? Yo no le creo, y los politólogos venezolanos, tampoco. Así lo entiende José Vicente Carrasquero en declaraciones al medio español RTVE Noticias: “La agenda que estamos viendo no nace en el palacio de Miraflores, nace en Washington. Caracas está ejecutando un guion que no escribe. No es lineal ni limpio, pero sí claro en su lógica”. Nada ha cambiado en Venezuela, solos los “ismos”.
Caracas está sometida ahora al nuevo “ismo” que le vino del norte: el “trumpismo”.
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