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Los domingos de tarde mi madre nos solía llevar a la casa de la tía Sara, que quedaba lejos, allá casi al final de la calle Varela. Pasando la cañada, donde ahora es un gran barrio, los trabajadores construyeron en cooperativas de ayuda mutua sus viviendas, dónde antes todo eso era campo y pequeñas chacras.
En el mundo de mi infancia todo quedaba lejos y todo era tan distante que parecía inalcanzable.
Eran los años sesenta y pocos.
Con mis primos y mis hermanos más pequeños, jugábamos y nos divertíamos entre los árboles frutales y bajo la sombra de los parrales y el aroma de las de uvas maduras.
Cierto domingo llego mi tío Juan, en su bicicleta negra y pesada que tenía un farol grande sobre el manubrio y para que la cadena no le agarrara el pantalón, se ponía un broche de ropas en el ruedo junto al tobillo derecho.
Mi tía y mi madre tomaban mate bajo el alero de la parte exterior de la cocina y don Bruno, el esposo de la tía Sara, escuchaba las noticias por radio Colonia.
Yo había ido a la cocina a buscar una torta frita para comer, cuando escuché sin querer la voz ronca del tío Juan, la frase que me acompaña hasta los días de hoy: “Los hombres de negro un día gobernarán el mundo”.
La voz inconfundible de Ariel Delgado, el locutor de radio Colonia, paseaba por el mundo a sus oyentes con noticias internacionales de conflictos bélicos, de encuentros de gobernantes de países ricos y poderosos, de ejercicios de navíos y tropas militares, que amenazaban la paz mundial.
La opinión del Papa y los ensayos de naves espaciales para que el hombre en poco tiempo pudiera pisar la luna.
Pero para la gente común de familias numerosas, que ya tenía suficiente con sus problemas de economía del día a día, al igual que yo, que era un inocente niño, lo que pasaba en la radio de las noticias del mundo, todo era por suerte muy lejano y distante.
Pero era imposible ser ajeno a las noticias.
Ahora ya no era solo Ariel Delgado, todas las radios y los periódicos hablaban de la guerra de Vietnam, de Malcolm X, Martin Luther King, los estudiantes de Paris y el mayo Francés, los barbudos de la sierra Maestra gobernando Cuba y los misiles apuntando para los Estados Unidos.
Si el mundo era lejano y distante, ahora las noticias que llegaban por los informativos y en los titulares de los periódicos eran más cercanas.
La televisión daba sus primeros pasos como aparato de entretenimiento y diversión, pero no todos tenían el privilegio de tenerla.
Las agujas del reloj comienzan a andar más rápido y mi generación va creciendo al mismo paso que las noticias que llegan de problemas económicos y conflictos políticos de los países hermanos de América Latina.
Pero también en medio oriente con la crisis del petróleo, comienzan a repetirse las noticias en los grandes medios de comunicación.
Consecuentemente informa, de que pobladores de varias regiones avistan ovnis, se comenta en voz alta y se escuchan relatos que confirman y asustan a la gente.
Ya en mi pre adolescencia, la frase de mi tío Juan de que “Los hombres de negro un día gobernarán el mundo” comienza a hacerme ruido.
América Latina se incendia con los focos guerrilleros, mi país no es ajeno al contexto del continente y los militares comienzan a derrocar gobiernos y dar golpes de estado de país en país.
La televisión nos trae imágenes con la trasmisión en vivo del mundial de fútbol, pero no es suficiente para distraer a la gente.
En todos los rincones del mundo hay conflictos, guerra, hambre y se violan sistemáticamente los derechos humanos, el Papa llama al consenso y convoca la paz, pero los medios de comunicación no hablan mucho de eso.
De vez en cuando las potencias mundiales se dan una tregua, sus líderes se reúnen y hacen acuerdos que no durarán mucho.
Vivimos en la pobreza, pero el ministro de turno dice que no es culpa de su gobierno, la culpa la tiene el precio de los barriles de petróleo y nos convence.
Para la potencia económica y militar más grande del mundo ya no le es suficiente con apoyar los golpes de estado en países pobres con riquezas naturales, ahora inventa guerras e invade países con petróleo y en nombre de la paz.
Hace pocas horas, helicópteros del imperio americano y por orden de su presidente, realizó en pocos segundos el secuestro del presidente Maduro y su esposa en Venezuela.
Lo acusa de dictador y narcoterrorista.
En una conferencia de prensa anuncio lo que todos ya sabíamos, el petróleo será administrado por empresas multinacionales de su país.
Mi tía Sara le decía siempre a mi madre que la culpa de todos los males del mundo era por la maldita plata, tan luego ellas que nunca la tuvieron.
El tío Domingo Bruno decía que había escuchado en la radio al ministro decir, que la culpa de todos los conflictos, la guerra y el hambre del mundo era por el precio del barril del petróleo.
Más de cincuenta años después de su muerte, todavía escucho al tío Juan decir: “Los hombres de negro un día gobernarán el mundo…”
Artigas Osores
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